El tema del inglés

Entra la profesora de inglés en clase, con todos los alumnos hablando entre ellos. Entonces cierra la puerta y, mientras los jóvenes acaban sus -seguro que muy urgentes- conversaciones, ella despliega sobre la pizarra un mapa del mundo. Bien grande y bien bonito.

Cuando se gira, todos están callados.

“Hola y bienvenidos a la asignatura de inglés. No os voy a decir que esta no es una asignatura más, ni que es la más importante ni que tenéis que esforzaros para aprobarla. Eso depende de vosotros. Pero sí os voy a decir una cosa: ¿veis este mapa del mundo? Si sois buenos en esta asignatura -dentro y fuera del aula- y aprendéis inglés, podréis viajar y trabajar en cualquier lugar del mundo“.

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Is true: dreams come true.

Si algún -improbable- día soy profesor de inglés, tened por seguro que siempre tendré un mapa del mundo pegado a mí. Yo veo al Ricky de 12 o 13 años y no sé si le hubiera servido o no. Pero sé que lo que había no le ayudó.

El inglés nunca fue mi asignatura favorita. De hecho, con el tiempo, se convirtió incluso en una de esas clases en las que rezas para que el profesor no llegue. Historia era divertida por conocer toda esa gente nueva e importante que recorría el mundo; en Lengua te dejaban leer y escribir de vez en cuando -menos de lo que me gustaría, pero en fin-; e incluso Matemáticas, según el tema, te suponía un reto entretenido.

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The teacher. 

Pero Inglés. Los mismos ejercicios año tras año, memorizando la lista de los Irregular Verbs, estudiando siempre las mismas palabras y escuchando listenings que parecían de otro mundo. Escuchar, sí, porque de hablarlo, poco.

Tampoco se me daba especialmente bien la asignatura, para que nos vamos a engañar.

La salvación era ir a alguna academia de inglés como actividad extraescolar y, en verano, escaparse alguna semanita a dar clases en Irlanda o Reino Unido. Los que podían. O los que querían.

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¿Por qué aburrirte en clase cuando puedes no hacerlo?

En la Universidad la cosa tampoco mejoró. El Plan Bolonia y la correlación de títulos europeos es muy bonito, pero la traducción no tanto: una asignatura de “Inglés para Comunicadores” (no daré detalles sobre el temario, pero en fin) en primero, algún que otro vídeo durante la carrera y, “gracias a toda esa preparación”, una parte del Trabajo Final de Grado -presentación incluida- también en la lengua de Shakespeare.

Resultado: salir de la Universidad sin un nivel de inglés aceptable -y digo aceptable- era demasiado fácil.

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Alguno de estos niños tenía más nivel que yo hace no demasiados años…

Ahora -por fin- puedo decir que mi inglés no es malo. Diría que es incluso bueno. No me gusta ir de gurú ni entendido, pero creo que he aprendido unas cuantas cosas sobre el inglés.

  • No es una asignatura más: es una lengua y está viva. Se estudia -porque se estudia, no hay trucos-, pero también se vive, se escucha, se ve, se come y se bebe. Y una vez tienes interiorizado esto, es mucho más fácil aprenderlo.

 

  • Peliculas, canciones, libros… Todo -sí, ¡todo!- lo tienes en inglés, al alcance de tu mano y gratis. Rebusca un poco en Internet y lo tienes. Si te gusta Harry Potter y te sabes las tramas, ¿por qué no atreverse con la versión original? ¿O escuchar a tu actor favorito hablando en su lengua nativa? ¿O leer las letras de las canciones en inglés?

 

  • Busca tu motivación: aprobar un examen no suele ser demasiado fuerte. Leer artículos que no se publican en tu lengua, entender las canciones de tu grupo favorito, poder hablar con personas de todo el mundo… Piensa por qué quieres aprender inglés y te será mucho más fácil ponerte.

 

  • Haz amigos -incluso enamórate- en inglés: una de las mejores cosas de hablar idiomas es que puedes entenderte con más gente. Y, por mi experiencia, es la mejor forma de practicarlo. Haz amigos internacionales, habla con ellos y verás como cada vez tiras menos de traductor en vuestras conversaciones de Whatsapp. Y en cuanto a enamorarte, no es una mala forma de practicar la “lengua”.

Conclusión: haz lo que te gusta, sigue tu vide y aprende inglés. Y no porque tengas que hacerlo: para viajar a cualquier lugar del mundo; hacer -buenos- amigos de otros países; no depender de traducciones para leer, escuchar música o ver películas o, simplemente, porque te da la gana.

Renta. 

 

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